Tres noches sin verlo ¡tres noches! Solía venir cada que el sol se despedía. Lo esperaba en el jardín y no sé como siempre estaba ahí. Después de semanas, meses ¡Que se yo! (Perdí la noción de tiempo) decidimos salir en presencia del sol y todos los demás… ¡Esos ojos negros!¡ese cabello quebrado!
Pero apenas mi padre lo vio cerca de mí, le ordenó que se alejara, que no me buscara y no regresara. Pregunté por qué, desesperada, no podía estar hablando en serio. No era de esos casos de “el es pobre y no conviene”, su familia está bien situada económicamente. Mi papá se limitó a decir: “¿no lo estás viendo? Es de familia judía”
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