"Espero k les guste y seguir escribiendo"

viernes, 5 de noviembre de 2010

Está ahí sentado (siempre lo está), mendigando, con la mano extendida, esperando compasión… misericordia. Ese pobre niño, con sus ropas rotas, sus manos sucias y su cara raspada, siempre que paso, suelo darle algo. Algo que evite que siga sentando tanto tiempo. Dinero. Dinero es lo más común, algo con lo que pueda comer decentemente, o yo misma le llevo la comida. La preparo especialmente para él. Cada vez que me acerco suele voltear y sonreírme. Sonreírme con esa sincera sonrisa que solo es de gratitud. Que solo puede ser de un niño.

Mini Ficcion

Tres noches sin verlo ¡tres noches! Solía venir cada que el sol se despedía. Lo esperaba en el jardín y no sé como siempre estaba ahí. Después de semanas, meses ¡Que se yo! (Perdí la noción de tiempo) decidimos salir en presencia del sol y todos los demás… ¡Esos ojos negros!¡ese cabello quebrado!

Pero apenas mi padre lo vio cerca de mí, le ordenó que se alejara, que no me buscara y no regresara. Pregunté por qué, desesperada, no podía estar hablando en serio. No era de esos casos de “el es pobre y no conviene”, su familia está bien situada económicamente. Mi papá se limitó a decir: “¿no lo estás viendo? Es de familia judía”


mini ficcion

¿Por qué me miran así, tan raro, con precaución, susto, desprecio? Nadie lo hacía hace tres semanas. Casi acabo de despertar, lo último que recuerdo antes de ESTO, fue a ese león aventándose a mí, alguien dijo que tuve suerte de que alguien estuviera cerca y me “salvara”. Ahora tengo la cara deformada, sin la mitad de un brazo y varias partes con puntadas. Mientras paso por la calle todos me miran, miran cada parte de mi cuerpo que esta anormal, la miran con rareza y se alejan. Es como si tuviera un letrero que dice: “aléjate”.


Un Último suspiro.

Un Último suspiro.

Como si fuera mi último día que voy a vivir en la vida, siendo sincero, demostrándote cuanto te quiero. Como si fuera mi último día, voy a luchar por ti, no esperaré hasta mañana para acariciar tu mejilla. Como si fuera mi último chance de verte de nuevo, voy a disfrutar este momento. Como si no hubiese tiempo, y me quedara solo un momento, voy a demostrar que te amo, que estoy contento de tenerte. Y voy a hacer este día el mejor que puedas vivir.

Sigo caminando hasta donde me esperaras, te he comprado unas flores, unas flores casi tan hermosas como tú. Mi cabello, mi ropa, están más limpios de lo normal y hay un lindo anillo en mi bolsillo que pienso darte…

Ahí vienes con un precioso vestido rojo que tiene franjas negras y unas más delgadas blancas. Te llega arriba de las rodillas, tienes un lindo cinturón negro que hace ver tu delgada cintura. Tu pelo lo tienes amarrado en una coleta, de donde tu cabello quebrado y castaño cae de lado en tu hombro. También te pusiste una diadema. Te ves encantadora.

Ya estás frente a mí. Te di las flores y tomaste mi mano, con la mano libre acaricio tu mejilla, tu piel está tan suave como siempre, tus ojos están tan dentro de mi… parecen tristes. Me besaste, como si quisieras que no notara la gota triste en tus ojos.

-¿te sucede algo? – He preguntado– te ves inquieta

Sonreíste.

–No pasa nada– y volviste a besarme

Estoy nervioso, eres demasiado hermosa para mí, pero realmente quiero pasar el resto de mi vida contigo. He bajado mi mirada. Tus dedos corren por mi mejilla…

Ya te veo directamente a los ojos… tus lindos ojos. Antes de poder decir algo he sacado el anillo, jugueteo un poco con él, aun con la mirada baja.

Tus dedos ya no me tocan y tu mirada ya no está puesta en mí, sino que miran mi mano y el anillo, los miras con una ansiedad indescriptible, tus ojos parecen querer desorbitarse, se mueven, quedándose en su sitio.

–A-…yo-o…–no puedes articular las palabras

–No puedo imaginar mi vida sin ti. Eres mi todo… yo caigo, viajo… y estás ahí, pasando por todo… y muchas veces no lo merezco… T-tu das y nunca tomas… Y-yo se que a lo mejor es algo… pronto, pero quiero que sepas que… si yo fuera el Sol…, tu serías la Luna… pierdo el control si no te veo. S-Si yo fuera una águila, entonces serías mis alas. Tú me elevas… Eres mi todo.

Una lágrima ha caído por tu mejilla perfecta. La garganta se me cerró al segundo siguiente. He tragado el nudo.

–Lis, ¿Qué pasa? ¿Qué no está bien? – pregunto, tomando tu rostro con ambas manos. Tus ojos están cerrados y no dices nada.

Tragaste saliva y después de un instante abres los ojos muy despacio.

–Y-yo…no puedo–dices con un hilo de voz– no puedo, Javier. Lo siento.

Mis manos han caído. Oí como el anillo caía y resonaba como un gran metal. Me quedé ahí parado, sentí como tú te despedías con un beso. Después retrocediste y te fuiste susurrando que lo sentías… Ni siquiera in tenté detenerte.

No sé cuánto tiempo ha pasado desde que te fuiste, cuando regresé a la realidad, llovía y todo estaba obscuro. No se ve nadie en la calle, solo yo, que escurre agua por todos lados.

Voy de regreso a casa, estoy hecho un asco, la lluvia solo hace que me sienta peor y que todo sea más deprimente. He abierto la puerta y entrado como si tuviera tabiques en los pies. Aventé mis llaves y saco en la mesa del comedor; y me senté en el sillón. Por la ventana se ve como la lluvia sigue cayendo. ¿Dónde estás? ¿Por qué me dejaste? No puedes dejarme. Siento como si el anillo pesara toneladas en mi bolsillo. Me duele. ¿Porque me dejas? Mi corazón corre rápido, mi pecho parece desgarrarse y solo hay espacio en mi mente para ti.

No soporto más. Me voy. Si no puedo tenerte, ¿para qué sigo aquí? Esta habitación está llena de recuerdos que son como estacas clavadas en mi corazón

Estoy caminado por las calles, solo puedo pensar en tu rostro, tus profundos ojos mirarme otra vez, esos labios perfectos y suaves. Esa voz como melodía que hace que vuele a otro estado, que hace que mi alma se derrita y mis piernas me tiemblen. Tu voz. Puedo oírla como un susurro en el aire, que me dice que ya no puedo tenerte, que ahora estas lejos y que lo único que me queda de ti son puros recuerdos, vagos, borrosos y a veces molestos, porque me recuerdan que soy miserable, aun así: te amo y te adoro.

¿Cómo llegué aquí? Estoy parado justo en el lugar donde te vi por primera vez…

Pasabas con un lindo vestido azul. Tu cabello lo trías suelto, parecías un Ángel, el más hermoso que pude imaginar. Te paraste frente a la fuente y te sentaste mirándola, como si le contaras algo. Metiste tus dedos en ella con sutileza y comenzaste a juguetear con ella.

Ahora la fuente parece un cementerio para mí. Me siento… solo. Comienzo a extrañar tus caricias, a recordar cada detalle… como si la lluvia no fuera deprimente por si sola…

Tenías una sonrisa como el verano, y pelo como una dulce briza,  y un inesperado cambio en el tiempo, hizo que ahora no estés mas con migo. Si quieres espacio. Te doy el universo Si quieres tiempo, te doy la eternidad. Las lágrimas del cielo me recuerdan el dolor.
 
 
¿Oíste eso?... Claro que no, ya no estás conmigo. Ha sonado como un grito. Juraría que fue tuyo, pero vamos, ya te estoy alucinando. Pero si escuché algo, alguien lastima a una mujer, no están lejos.
Ya no tengo razón para vivir, quizá me maten si voy… sería un favor.
 
Camino por las calles y no veo nada… Oigo un jadeo, viene de ese callejón… se ve una sombra, alguien está tirado. El agresor ya no está.
 
Me he acercado. Es aterrador, su cara está sangrando, su mano está desgarrada. 
 
– ¿Qué haces aquí? –preguntó la voz jadeante. Me he congelado, es tu voz.

Parpadee y corrí a dónde estás. Limpio tu cara y veo tu hermoso rostro medio deformado. Las lágrimas salen de nuestros ojos, te abrazo fuerte, lo más fuerte que puedo.

Lo siento,… yo sabía que esto pasaría hoy, ya es mi hora.

Y tomándote en mis brazos veo como das un último suspiro.